Mi primera vez por el culito

Llegué al orfanato y fui directo a buscarla a la Rosa, quise contarle lo sucedido, entre a la pieza que ocupaba junto a su prima y a otras chicas pero no la encontré, me dijeron que estaba en la lavandería, entonces sin quedarme un rato más ahí, salí a buscarla, cruce el patio sin mirar a nadie y arreglándome la falda disimuladamente me suspendí el calzón.

La Rosa estaba ahí en la lavandería, encaramada en un cajón de madera, se alargaba y se arqueaba para poder lavar la ropa, por lo que a primera vista estaba como para sujetarla por detrás, subirle la faldita y bajarle el calzón, para juntarle mis carnes a sus carnes. Pero de inmediato sintió mi presencia y giró la cabeza, por lo que me acerqué a ella y la saludé. Comenzamos una plática ya no me acuerdo de qué y en medio de aquello, me suspendí la falda por delante para enseñarle mi calzón,         -mira, le dije, -que cosa, me respondió extrañada. –que acaso no notas nada, le dije, -no, a no ser, que tienes el calzón un poco caído, me dijo y se me río.

-no, mira este bultito, que, no lo notas, le dije tocándome la parte de adelante de mi calzón.

-que acaso te hiciste en los calzones, asintió y ahora fui yo la que se rió.

-no seas tonta, le dije, - mejor te lo voy a enseñar. Y doblándome la parte delantera de mi calzón como si fuera un labio que se intenta voltear, le mostré los restos de mis secreciones que habían quedado en mi calzón a consecuencia de la masturbada que me había dado en el parque.

A La Rosa le gustó mucho ver mi calzoncito manchado con mis secreciones ya secas, y rápidamente se interesó en ellas. –Son tuyas, me preguntó -y sino de quien más, le dije -ahora sí que te diste una buena chorreada, me dijo y esta vez nos reímos juntas. -Porque no te lo quitas, fue lo próximo que dijo, entonces la miré fijamente y en el acto me lo saqué y como si lo hubiéramos acordado, se lo entregué sin decirle nada, ella lo agarró y lo oprimió contra su pecho como si fuera algo suyo. A continuación, me jaló hacia sus brazos y nos perdimos en un largo beso, en el que aprovechó para deslizar sus manos por debajo de mi falda para tocarme las nalgas con lujuria y luego me miró con una gran sonrisa; después de un rato, nos soltamos y supe que con ese beso le estaba entregando a La Rosa mi calzón rociado de mis secreciones y algo más.

Los próximos minutos, La Rosa se la pasó tocando las costras endurecidas de mi calzón con los dedos de la mano, le dije que había sido en un rincón del parque y que me lo había hecho yo solita y a plena luz del día, pero ella no estaba muy interesada en lo que le iba contando, y siguió tocando mi prenda con sus manos, luego se la pasó por las mejillas y con la lengua tanteó un poquito su sabor, acto seguido se lo llevó directo a la conchita bajándose los calzones y se lo restregó en el fondo de su partecita, me imagino que lo untó otro tanto con sus propios fluidos. A lo así me dijo, –porque no te volteas para que pueda comerte por el culito. Yo le obedecí y dándome la vuelta me agache, subiéndome la faldita hasta las espaldas y abriendo mis piernas después; y como ya no tenía puesto el calzoncito La Rosa arremetió de inmediato separando los pliegues de mi vagina por detrás y muy agachada comenzó a darme de lamidas de abajo hacia arriba, comenzaba lamiendo mi conejito y se detenía con especial solemnidad sobre mi culito apuntado con la punta de su lengüita a mi hoyito, pasó a concentrarse en esa zona abriendo mis nalgas, pasaba y repasaba su lengüita, me estimulaba un tanto con los dedos y otro tanto con la lengua, sentía que mi hoyito y todo su alrededor se estaban mojando mucho y yo me estaba estimulando otro poco por delante con una de mis manos estrujando mi conejito, a lo que ya estaba lanzando unos gemidos llenos de placer.

La Rosa se puso más cómoda y flexionó sus rodillas poniéndose de cuclillas, seguía con las lamidas y hurgándome el agujerito lo iba abriendo de a poquito, lo dilataba metiendo la punta de uno de sus dedos y luego me pasaba la lengüita, a lo así, se animó y empujó hacia adentro gran parte de su dedo, lancé un grito mezcla de dolor y de placer, debido a mi reacción, se detuvo un instante, se río y continuó asechando mi culito, esta vez más ruda, me daba de palmadas en las nalgas y me decía que mi culo iba a ser suyo. Me hizo agachar un poco más e impulsar más hacia atrás mis nalgas (más hacia ella). Con mis piernas lo más separadas posible y mis nalgas abiertas de par en par, ahora solamente se concentraba en mi anito jalándolo hacia los costados con los dedos para que se abriera más, allanaba con la lengüita hasta donde podía y me hacia gemir fuerte, con ímpetu me empujaba sin meter uno de sus dedos, -así va doler menos, me decía. Y luego volvía a usar su lengua, con la rutina siguió un buen rato, hasta que se dio cuenta que ya lo había asimilado, entonces, comenzó a medio meter la punta del dedo y alternar con su lengua, con ésta última ya me había lubricado bastante. Finalmente, metió el dedo, una gran parte lo dejo ahí un rato y lo sentí muy duro metido en mi agujerito, lo sacó, lubricó un poco más e hizo otro intento de penetrarme, y esta vez creo que asesto en metérmelo todo porque realmente me hizo lanzar unos gemidos que me estremecieron todo el cuerpo. Inmovilizó su dedo ahí adentro por algunos segundos dándome un respiro, pero era solamente para reanudar con más fuerza y comenzó a mover el dedo, a sacarlo y a metérmelo con bravura; casi sin darme cuenta, pasé del dolor a una excitación muy placentera, ahora si le había agarrado el gusto de que me lo hagan por el culo. Y aparecí repitiéndole una y otra vez –culeame, culeame bonita. Y ella metía el dedo con más entusiasmo y con más potencia.

Al poco rato se había detenido, y volvió a lubricarme y me asestó de nuevo pero esta vez ya no con un sólo dedo; me separó más el anito con una mano, mientras que con la otra me clavo un par de dos hasta muy adentro, sentí ese par de dedos muy en el fondo, fue una sensación que me dejó quieta, ahora sí que me había partido el culo y había dado con el fondo, lo sentía así muy en lo profundo de mi ser. Con toda confianza comenzó a meter y sacar uno y otro dedo, o dedos, y ya no sabría distinguir cuantos a la misma vez, entraban muy duro. Pero a estas alturas ya estaba demasiado excitada como para gritar, claro que mis gemidos no cesaban. Cuando ya tenía el culo bien dilatado y ya no sentía tanto dolor, comencé a sentir su lengua penetrándome, entrando y saliendo y mojándome continuamente. Después de un largo rato, soltó mis nalgas y aunque quise incorporarme no me dejó hacerlo, pues tenía toda la intención de acabar enterrándome el conejito en el culo, me agarró por los costados de mis caderas y acto seguido me estaba dando, ponchando mi culo con su conejito, me hizo sentir muy excitada y entregada totalmente a ella, como si fuera una esclava de su sexo. Luego me soltó con fuerza y caí de rodillas, ambas estábamos muy agitadas, pero mirándonos nos reímos juntas y sabíamos que la habíamos pasado muy bien. Ambas lo habíamos disfrutado mucho y nos habíamos dado tanto placer que quedamos muy contentas.

Para cuando acabó todo, me dolía mucho el culito, cuando me fui a sentar al comedor, tuve que sentarme casi de costado encima de una de mis nalgas, pero así y todo quedé satisfecha con esa nueva experiencia, que a pesar de ser dolorosa fue satisfactoria para mí, y desde ese preciso instante, siempre mostraría mi predisposición y mi soltura para poner el culito a disposición las veces que me lo pidan.

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